TRAS LA VENTANA
A través de una ventana imaginaria desfilan los fantasmas del pasado.
Allí aparecen la niñez, la juventud y la madurez. Hay momentos que producen orgullo y otros que despiertan cierta tristeza. Sin embargo, el paso del tiempo trae cambios, aprendizajes y, sobre todo, conciencia. Aunque el cuerpo ya no tenga la misma fuerza de antes, la memoria puede seguir lúcida, permitiendo mirar la propia historia y transformar penas en comprensión, y recuerdos difíciles en serenidad.
La vida nos ha enseñado que la verdadera felicidad no es un destino lejano, sino una tarea cotidiana. Tal vez la misión sea aprender a vivirla aquí, en esta tierra, amándonos unos a otros, reconociendo nuestras fragilidades y recordando aquello que nos sostiene espiritualmente.
A veces, cuando las personas mayores comparten reflexiones profundas, hay quienes sonríen con cierta impaciencia. Pero detrás de esas palabras hay experiencia, hay vida vivida, hay lecciones que sólo el tiempo puede otorgar.
Ser felices. Esa podría ser nuestra misión. No desde la perfección porque nadie es perfecto sino desde la aceptación de lo que somos y de lo que aún podemos aprender. La vida ofrece oportunidades en cada etapa, aunque a veces no sepamos verlas y nos distraigamos con asuntos pasajeros.
Si miramos hacia atrás, aparecen figuras significativas: padres, abuelos, personas que marcaron caminos con sus historias. Muchos vivieron tiempos difíciles, guerras, pérdidas, cambios radicales. Sus relatos no eran simples cuentos; eran experiencias reales que tejieron la historia familiar y colectiva.
Con los años también llegaron rebeldías, desacuerdos, búsquedas personales, caminos distintos a los esperados. Hubo distancias, decisiones complejas, aprendizajes forjados en la dificultad. Y con el tiempo, la comprensión fue reemplazando al enfrentamiento.
Porque discutir sin escuchar no transforma. Los extremos muchas veces hieren. En cambio, la comprensión, el perdón y el amor abren posibilidades nuevas.
Desde esa ventana simbólica que cada persona posee, se puede mirar la propia historia con otra luz. Una luz que permita reconciliarse con el pasado, agradecer lo vivido y elegir la paz.
Tal vez, al final, la verdad más sencilla sea esta: nunca es tarde para comprender, perdonar y amar.
(Escrito adaptado para el grupo del original)


Seguiremos trabajando para una puesta en escena
ResponderEliminar